Si me preguntan por qué dibujo, sé que tengo un par de respuestas, parcialmente sinceras, una tiene que ver con el placer de la comunicación, otra con la necesidad de llegar a otro ser humano.
Pero no es la única verdad, dibujo/pinto para tener una tregua, es una necesidad de hablar conmigo mismo, un soliloquio premeditado en ocasiones y, las más veces se mete en mi vida sin previo aviso.
Me siento ante el papel y empiezo a dibujar, las líneas brotan constantemente, unas veces apacible como el horizonte del mar, en ocasiones como una sima profunda y peligrosa y otras fluyen como el agua de una civilizada fuente morisca en un soleado carmen granadino.
A estas alturas de mi vida ya he descubierto que el mar y su horizonte, la profundidad de la sima o la plácida fuente forman parte de mí y, por eso, a mí regreso con sólo desearlo.